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Si en la primera entrega de la película tuvieron prácticamente que rogar a muchos diseñadores para que les cedieran vestidos, en esta ocasión ha sido al contrario. El aluvión de ofertas para aparecer en ‘El diablo viste de Prada 2’ ha sido tal… que al equipo creativo no les ha quedado más remedio que descartar. “De Marc Jacobs a Donatella Versace o Dole y Gabbana… Todos nos abrieron las puertas inmediatamente”, nos cuenta David Frankel en Londres, que vuelve a dirigir la segunda entrega.
En la secuela, ambientada veinte años después, nos reencontramos con Miranda Priestly (Meryl Streep), que no atraviesa su mejor momento profesional. Un cambio en la cúpula de la empresa editora de ‘Runway’ y la dificultad para adaptarse a las nuevas formas de periodismo la ponen en el ojo del huracán. Mientras lucha por una supervivencia que parece cada vez más complicada, se cruza de nuevo con Emily (Emily Blunt), que ahora ostenta un cargo de directiva en Dior; y Andy (Anne Hathaway), consolidada en uno de los periódicos más prestigiosos del país. El cambio de estatus de ‘las Emilys’ tenía que reflejarse también en un vestuario que, una vez más, se convierte en uno de los elementos más atractivos de la película. Las secuencias están armadas casi a modo de pasarela para que las actrices luzcan espectaculares diseños que, por cierto, no han cubierto las expectativas de los implacables fan de la franquicia, que han expresado su decepción por unos looks que “no estaban a la altura”.
Gustos personales aparte, la propia Anne Hathaway nos confesó durante una entrevista en Londres que, muy a su pesar, se barajó replicar algunos modelos icónicos de la historia del cine que finalmente fueron descartados. Entre ellos, el inolvidable look de Diane Keaton en la película ‘Annie Hall’, la película de Woody Allen estrenada en 1977 y que se convirtió en un referente para diseñadores y amantes de la moda, que empezaron a incorporar al armario femenino prendas hasta ese momento masculinas, como pantalones, corbatas o chaquetas. “Intentamos referenciar esto en ‘El diablo viste de Prada’ y vimos que era muy difícil, porque parecía que solo estaba disfrazándome”, confiesa Anne. Su compañera Emily Blunt añade, refiriéndose a Diane: “Es que es tan personal, tan ella…”.
No cabe duda de que, en una tercera entrega, que su director no descarta –“Si hay oportunidad de rodarla, por supuesto que lo haré”– el listón en cuanto a vestuario está muy alto. ¿Darán la talla?

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